Compré este libro en diciembre. He tardado siete meses en escribir esto.
Y le puse un hashtag que me salió solo: #TampocoExisto.
Me llegó "Esto No Existe" de @juansotoivars.
Solo la introducción y ya se me humedecieron los ojos. Veo mi historia ahí.#EstoNoExiste #TampocoExisto pic.twitter.com/H1I5QhO9LA— PapasContraElSilencio (@PapaSilenciado) December 5, 2025
Y después me callé siete meses.
Un blog que se llama Papá contra el Silencio. Callado. Medio año largo. La ironía no se me escapa.
Si tú también has dejado a medias algo que te importaba, sabes que el silencio casi nunca es pereza. Suele ser otra cosa.
En mi caso fue esto: lo intenté. Quise hacer oír mi voz con las herramientas que tenía, y me di de bruces con cómo está montada esta conversación.
Este tema no se debate: se milita. De un lado y del otro. Yo entré buscando un sitio desde el que hablar con honestidad, y solo encontré dos trincheras con un ruido enorme en medio.
Y aprendí la regla no escrita: o contestas con la misma energía tóxica, o nadie te escucha. Esas eran las opciones. Odiar o desaparecer.
Yo no quería lo primero. Así que, casi sin darme cuenta, fui eligiendo lo segundo.
No estoy orgulloso del silencio. Pero no me arrepiento de lo que lo causó. Una semana antes de que me llegara el libro dejé escrita mi postura, y la mantengo palabra por palabra: como víctima, entiendo la rabia. La he sentido. Pero el odio no me va a devolver los años perdidos con mi hijo. No va a curar nada. Lo que a mí me ha ayudado es otra cosa: introspección, terapia, y buscar a gente que quiere soluciones, no venganza.
Sigo creyendo que no hace falta odiar a nadie para arreglar algo que está mal. Que la rabia hace mucho ruido y muy poca justicia.
Vuelvo por este libro.
El Libro Se Llama Como la Frase Que Te Dicen
Esto no existe. Hombres maltratados y denuncias falsas en violencia de género, de Juan Soto Ivars (Debate, 2025).
Fíjate en el título, porque ahí está todo. No es una tesis. Es una cita. Es literalmente lo que te contesta la gente cuando cuentas lo que te está pasando.
Lo dice un amigo en una cena. Lo dice un compañero de trabajo. A veces lo dice alguien de tu propia familia, que te quiere, que no pretende hacerte daño, y que aun así te deja mudo con tres palabras.
Esto no existe.
El libro recoge casos reales, anonimizados, de hombres a los que la maquinaria que rodea a la ley de 2004 les pasó por encima. Custodias. Casas. Trabajos. Reputaciones. Vidas normales que un día dejaron de serlo.
No son casos espectaculares. Ese es el detalle que más me impresionó: son casos aburridos. Papeleo, esperas, plazos, resoluciones. Nadie grita. Simplemente, todo se va.
Lo Que Este Libro No Es
Y aquí quiero ser muy claro, porque sé cómo se lee un texto como este.
Soto Ivars no niega a las mujeres víctimas. No minimiza su sufrimiento ni pone en duda que la violencia machista sea real y grave. Lo dice explícitamente y lo sostiene a lo largo de todo el libro.
Lo que pide es otra cosa: que se mire lo que la ley produce además de lo que la ley protege. Los efectos secundarios. Los daños colaterales que nadie apunta en ninguna estadística.
Y eso no es estar en contra de nadie.
Piénsalo así. Cuando un medicamento salva vidas y a la vez provoca efectos adversos en una parte de los pacientes, nadie serio dice «retiremos el medicamento». Pero tampoco dice «esos pacientes no existen». Se estudian los efectos. Se ajusta la dosis. Se protege a los dos grupos.
En esto, en cambio, llevamos veinte años discutiendo si el efecto adverso existe.
Me Encontré Ahí Dentro
Voy a decirlo sin adornos: leyendo este libro me encontré a mí mismo, y no fue una experiencia agradable.
No te voy a decir en qué historia me encontré. Primero, porque no fue una: fueron trozos repartidos. Una frase de un caso. Un silencio de otro. Un papeleo idéntico al mío en un tercero.
Y segundo, porque señalar la historia exacta sería señalarme a mí. Este blog existe precisamente para poder contar la verdad sin nombres — la mía incluida.
Lo que sí te puedo decir es qué se siente. Durante años has ido explicando tu vida frase a frase, justificando cada pieza, viendo cómo la gente pone esa cara de «ya, pero seguro que hay más». Y de repente lees una página escrita por un desconocido, sobre un hombre que no conoces, y está tu vida ahí.
No fue consuelo. Fue algo más frío. Fue: ah, entonces no era yo.
El Número Que No Está
Aquí es donde se pone interesante.
Oficialmente, las denuncias falsas certificadas en España son una fracción minúscula. Tan pequeña que en los titulares se redondea a cero, y de ahí sale la frase que da título al libro.
Lo que encontré leyendo es que ese número no mide lo que la gente cree que mide. Mide una cosa muy concreta y muy estrecha: los casos en los que se llega hasta el final y alguien certifica formalmente la falsedad.
El uso instrumental de una denuncia —la que se pone para ganar posición, para asegurar la casa, para llegar con ventaja a un procedimiento de familia— casi nunca termina así. Se archiva. Se retira. Se queda en nada. Y «nada» no aparece en ninguna casilla.
El libro sostiene que la cifra real es bastante mayor, y sobre todo que es estructuralmente incontable: el sistema no está diseñado para registrarla.
Eso no es una teoría de la conspiración. Es un problema de método. Si no cuentas algo, luego puedes decir con toda tranquilidad que no existe.
Donde Me Quedé Con Ganas
Sería fácil escribir esto como un fan. No voy a hacerlo.
Me quedé con ganas de una parte que el libro casi no tiene: el día siguiente. Qué haces tú, hombre concreto, a la mañana siguiente de que esto te caiga encima. Qué pasos das. Qué documentas. Con quién hablas.
Entiendo que no era el encargo. Un libro que documenta un problema no tiene por qué ser un manual, y probablemente un manual habría debilitado el libro. Pero el hueco está, y se nota cuando lo lees desde dentro.
Por Qué Vuelvo a Escribir
Este libro no me ha resuelto nada. Mi situación sigue exactamente igual que en diciembre.
Lo que ha hecho es más pequeño y más importante: me ha quitado de encima la sospecha de estar exagerando. Y esa sospecha, cuando la llevas puesta durante años, pesa muchísimo.
Si estás leyendo esto y te suena, no te estoy diciendo que compres un libro. Te estoy diciendo algo más simple: lo que te pasa tiene forma, tiene patrón y le ha pasado a otros. Que no se cuente no significa que no ocurra.
Y no hace falta que estemos enfrentados para verlo. Todos queremos lo mismo: que a la gente que sufre se la proteja, y que a la gente que no ha hecho nada no se la destruya por el camino. Las dos cosas caben.
En la segunda parte de este artículo cuento la mitad difícil: por qué yo soy uno de los que, oficialmente, no existen.
Tu Experiencia Importa
Si te has reconocido en algo de esto:
No estás solo. No estás loco. Y tu experiencia —por dolorosa que sea— puede ayudar a otros a sentirse menos aislados.
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Yo soy uno de los que oficialmente no existen
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